jueves, agosto 31, 2006

reflexiones...


Todos me preguntan, ahora que he regresado, que tal el viaje? Como te fue? Y esperan que cuente cosas sensacionales! Y a mi, hablar se me hace lento y complicado. No logro encontrar las palabras adecuadas para narrar o describir lo que he vivido. Y termino diciendo que Machu picchu es maravilloso y Lima gris y nublada. Bogotá tiene mucho trafico y una montaña muy verde que la enmarca. En Santiago había sol y Baires sigue siendo la ciudad de la furia...
Pero en estas frases frías y esquivas sigo sin explicar o narrar mi viaje...Como explicar que lo más hermoso no han sido los lugares, que mi mente esta invadida de recuerdos que son difíciles de enumerar y que probablemente a los ojos de los demás son casi insignificantes. Como hacer ver en mis fotos ese rostro distraído que se asoma en el fondo, ese niño que camina a lo lejos sin saber que lo he fotografiado, esas innumerables personas que hacen que cada experiencia sea única e inolvidable.

A veces me distraigo pensando en que estará haciendo tal o cual persona. Si mi amiga Aliz se esta vistiendo con su elegante terno para ir a dar clases a sus chicos, o si Clorinda se está alzando tempranito antes que el alba comience para llegar a pie a su escuela allá suspendida sobre las colinas. Se me diluyen las palabras cuando intento describir la sonrisa de la señora que nos preparaba los jugos mas ricos del Perú. Y mi sonrisa se pierde cuando imagino la soledad de la Laguna de Puruhuay y a su guarda parques que camina en medio a estas inmensas montañas de los Andes.

Me divierte recordar a mi amigo Erick que locuazmente defiende su peruanidad y su Lima Natal. Como describir la musicalidad de la casa de mi amigo Alvaro en Santiago o el asombro que compartí con Juancho ante las maravillas del museo del oro en Bogota. La calidez de la antropóloga que conocí en una calle en ciudad de México que me acompañó y me regaló un pasaje para que subiera al metro cuando me vio perdida y dispersa en medio de una manifestación callejera.

Son muchos los rostros que me vienen a la memoria, innumerables los detalles compartidos con los chicos de San Marco, la buena compañía de las arqueólogas italianas, las narraciones inolvidables de Luciano y sus aventuras fotográficas, me querida hermana cansada de mis caminatas, que se sienta en un mercado a comerse un choclo, un jojoto o tal vez mas bien un maíz...

Es a todos ellos a quienes le debo un maravilloso viaje, tan difícil de narrar y absolutamente inolvidable.

sábado, agosto 26, 2006

La ciudad perdida



Machu Picchu maravillosa, me hubiese gustado llegar a pié por el camino del inca, tal vez encontrarme con la mitad de los turistas y no subir al tren, pero aun con todo eso, la magia del valle sagrado, el Urubamba y las ruinas empinadas en las cumbres del Wayna Picchu es enorme e imponente y uno se queda asombrado sentadito ante el abismo...

jueves, agosto 10, 2006

Tierra de confines...
















Laguna de Puruhuay (Ancash, Perú)

A veces creemos que nuestro universo conocido se extiende a todos los ángulos del planeta, pero basta poco para comprobar que no es así, que las realidades son tan variadas como no somos capaces de imaginarlas.

He llegado a Huari, en la provincia de Ancash en los Andes Peruanos. Es una pequeña ciudad donde sus casas en la mayoría son hechas de bareque y muy pocas de "material noble" como llaman por aquí al ladrillo. Viven unas dos mil personas que en pocos días puedes comenzar a reconocer por las calles. Todos te saludan al pasar, sin distinciones, aun cuando te llamen gringuita. Hay altos niveles de pobreza, pero llevada con gran dignidad. No es la pobreza de las grandes ciudades donde el limite entre lo sensato y lo absurdo se transita continuamente.

El agua es un elemento complejo, no es que falte pero no circula fácilmente, se trae y se lleva en tachos, baldes y botellas. Se cargan las mulas se ponen mangueras para que llegue a las casas. El agua caliente es un lujo que no me he podido dar. Los domingos hay mercado en Huari, y los puestos rebozan de frutas y verduras maravillosas, aquí a nadie se le ocurriría que tu no puedes tocar, oler, probar, negociar, regatear... todo esta permitido. Lo importante es comenzar saludando, decir buen día, palabras amenas, suaves y lentas. Nada de estar apurado o pretender que alguien corra. Los tiempos son lentos y el día se dilata.
Pero una vez que uno entra en este ritmo una tranquilidad lo inunda y nuestro agitado universo se detiene. Se vuelve a ver cada individuo por lo que es: un ser único, inconfundible, lleno de una ancestral historia.