Mi paso por Bogotá debía ser brevísimo y como la mayor parte de este viaje, por trabajo... Pero Bogotá se ha encargado de sorprenderme. Es una ciudad muy grande que se extiende sobre todo a lo largo, pero no tanto a lo alto si pensamos a su arquitectura. Sus carreras y sus calles te permiten una orientación casi perfecta. Su cerro imponente surge en todas partes y abruptamente toca la ciudad.
Pero la cosa mas entusiasmante son sus personas. Los colombianos son "afables" como dicen ellos, alegres y tranquilos. Siempre dispuestos al diálogo y a la ayuda. Trabajan en las cosas más disparatadas que se puedan ver: en el barrio de la Candelaria, por ejemplo, se puede alquilar un celular de cada una de las compañías que operan en Colombia para hacer tu llamada, una señora se pasea con todos estos aparatitos en sus bolsillos. Pero no solo usan este servicio quienes no poseen un celular, también quien lo posee de una compañía diferente y quiere ahorrar, entonces recurre a alquilar el teléfono que le cueste menos.
Puedes también comprar un solo cigarrillo, sin necesidad de comprar todo un paquete... Los carros tirados por caballos poseen patentes... Pero encontrarse con viejos amigos en esta ciudad puede transformar la visita en algo verdaderamente especial: te ayudan a descubrir montos de pequeños rincones, a observar cosas que de otra manera pasarían desapercibidas, conocer la esencia de un pueblo abierto y receptivo...




